Sesgo de negatividad, Yoga India

Sesgo de negatividad

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El motivo es que los acontecimientos negativos tienen un mayor impacto en nuestro cerebro que los positivos. Los psicólogos se refieren a esto como el sesgo negativo (también llamado sesgo de negatividad), y puede tener un poderoso efecto en su comportamiento, sus decisiones e incluso sus relaciones.
El sesgo negativo es nuestra tendencia no sólo a registrar más fácilmente los estímulos negativos, sino también a insistir en esos acontecimientos. También conocido como asimetría positivo-negativo, este sesgo de negatividad significa que sentimos el aguijón de una reprimenda con más fuerza que la alegría de un elogio.
Este fenómeno psicológico explica por qué puede ser tan difícil superar las primeras impresiones y por qué los traumas del pasado pueden tener efectos tan duraderos. En casi todas las interacciones, es más probable que nos fijemos en las cosas negativas y que las recordemos después con mayor intensidad.

Prueba de sesgo de negatividad

El sesgo de negatividad,[1] también conocido como efecto de negatividad, es la noción de que, incluso a igualdad de intensidad, las cosas de naturaleza más negativa (por ejemplo, pensamientos, emociones o interacciones sociales desagradables; sucesos dañinos/traumáticos) tienen un mayor efecto en el estado y los procesos psicológicos de una persona que las cosas neutras o positivas[2][3][4] En otras palabras, algo muy positivo tendrá generalmente menos impacto en el comportamiento y la cognición de una persona que algo igualmente emocional pero negativo. El sesgo de negatividad se ha investigado en muchos ámbitos diferentes, como la formación de impresiones y evaluaciones generales; la atención, el aprendizaje y la memoria; y la toma de decisiones y las consideraciones de riesgo.
Paul Rozin y Edward Royzman propusieron cuatro elementos del sesgo de negatividad para explicar su manifestación: potencia negativa, gradientes negativos más pronunciados, predominio de la negatividad y diferenciación negativa[4].
La potencia negativa se refiere a la noción de que, aunque posiblemente tengan la misma magnitud o emocionalidad, los elementos/acontecimientos/etc. negativos y positivos no son igualmente destacados. Rozin y Royzman señalan que esta característica del sesgo de negatividad sólo es demostrable empíricamente en situaciones con posibilidad de medición inherente, como la comparación de cómo se interpreta positiva o negativamente un cambio de temperatura.

Gratitud por el sesgo de la negatividad

“Las cosas malas son más fáciles de creer. ¿Lo has notado alguna vez?”, dice el personaje de Julia Roberts, Vivian, en Pretty Woman (1990). Resulta que el personaje de Roberts, Vivian, estaba tocando una desafortunada verdad psicológica; las “cosas malas” son, en efecto, más fáciles de creer y las razones de ello pueden sorprenderte.
Para empezar, nuestra tendencia a prestar atención a la información negativa en lugar de la positiva es una herencia evolutiva de nuestros antepasados cavernícolas. Por aquel entonces, estar alerta ante el peligro, también conocido como “lo malo”, era una cuestión de vida o muerte. “Hemos heredado los genes que nos predisponen a prestar especial atención a los aspectos negativos de nuestro entorno que podrían ser perjudiciales para nosotros”, explica el psicólogo e investigador de la felicidad Timothy J. Bono, PhD, que imparte un curso sobre la Ciencia de la Felicidad en la Universidad de Washington en St. En este sentido, fijarse en las “cosas malas” es similar a la sensación de dolor: es nuestro cuerpo el que trabaja para mantenernos a salvo.
Además, las emociones negativas despiertan la amígdala, la estructura cerebral con forma de almendra que el psicólogo Rick Hansen, PhD, fundador del Instituto Wellspring de Neurociencia y Sabiduría Contemplativa, llama “la campana de alarma de tu cerebro”. Según el Dr. Hansen, la amígdala “utiliza aproximadamente dos tercios de sus neuronas para buscar malas noticias. Una vez que hace sonar la alarma, los acontecimientos y las experiencias negativas se almacenan rápidamente en la memoria, en contraste con los acontecimientos y las experiencias positivas, que normalmente necesitan ser mantenidos en la conciencia durante una docena o más de segundos para transferirlos de los búferes de la memoria a corto plazo al almacenamiento a largo plazo”.

Efecto halo

¿Por qué no podemos apartar nuestra atención de un accidente de tráfico o dejar de ver las noticias sobre el último brote viral? ¿Por qué nos acechan las críticas o somos incapaces de superar un pequeño desaire de nuestro mejor amigo?
Es nuestro sesgo de negatividad. Los seres humanos somos propensos a dar más importancia en nuestras mentes a las cosas que van mal que a las que van bien, hasta el punto de que un solo acontecimiento negativo puede secuestrar nuestras mentes de forma que puede ser perjudicial para nuestro trabajo, relaciones, salud y felicidad.
Superar nuestro sesgo de negatividad no es fácil. Pero un nuevo libro, The Power of Bad: How the Negativity Effect Rules Us and How We Can Rule It, del que son coautores el psicólogo social Roy Baumeister y el escritor del New York Times John Tierney, inspira esperanza. El libro no sólo cubre la fascinante ciencia que hay detrás de este obstinado sesgo, sino que también ofrece a los lectores consejos prácticos para trabajar en torno a él de manera efectiva -y a veces contraintuitiva-. Si sabemos que lo “malo” es más fuerte que lo “bueno”, sostienen los autores, podemos utilizar ese conocimiento para mejorar no sólo nuestras vidas, sino la sociedad en general.